Vivir en una isla , aunque sea en el mediterráneo, no es fácil. Al contrario de lo que muchos piensan, el día a día rodeado de agua salada implica un esfuerzo mental "extra" en tu vida. Sí, la decisión la tomé yo, libre y voluntariamente. No, nadie puso un hierro contra mi cabeza, ni tan siquiera malos rollos en el trabajo, desgracias personales, enfermedades , desamores..nada de eso hizo que un buen día (porque lo fué , no quiero olvidarlo) decidiese poner fín a largas colas en la ronda de dalt, a tristes paseos por la rambla de sabadell, al estrés del curro, a los excesivos impuestos, a la soledad del vecindario, a la más pura y ensombrecedora rutina, al trabajo de dj , a la plaga de pijos, a las plagas de cutres, al fin de semana encallado en cualquier carretera secundaria, al exceso de gasto, a no encontrar mesa en tu restaurante favorito, a quedarte sin entradas de tu peli favorita...sigo?
Lo que no pensé encontrar en "la isla", era otra serie de problemas "banales" (que lo son) los cuales intentaré ir desbrozando y contando a lo largo de mis estúpidas conclusiones.
Así, sin más dilaciones intentaré contaros, o contarme a mi mismo, de manera NO periódica las aventuras y desventuras de un catalán de 38 tacos , mas pallá que pacá ,en una roca autodenominada "la isla de la calma", es decir Mallorca.
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